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Mi Historia

Cuando tenía 24 años, dejé un trabajo difícil por otro muy exigente, complejo, pero muy gratificante: la maternidad. Soy madre de tres hijos, pero, al nacer el segundo, comenzó el desafío más grande que he tenido. Desde los seis meses de edad, mi hijo debió iniciar un tratamiento de antialérgicos y corticoides orales. Luego, fue diagnosticado con bronquitis crónica y a los 4 años ya se sospechaba de asma.  A esto se suma su personalidad inquieta, agresiva, oposicionista y explosiva: en la pre-básica las tías del colegio ya acusaban su conducta, todo acompañado de su dificultad para aprender, retener información y escribir.

Como madre, sentía que mi hijo necesitaba una mejor comprensión y una adecuada lectura de su estados emocionales y conductuales. Requería de una mirada completa e integral de la suma de sus síntomas: yo estaba convencida de que lo que a él le pasaba no se debía solucionar con medicamentos. Por esta razón, trabajé duro y durante varios años estudié el efecto emocional en el cuerpo con medicina no tradicional, a través de la terapia floral. Gracias a esto obtuve cambios importantes, pero no los suficientes, así que continué en la búsqueda, estudiando el abordaje conductual. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que mi hijo realmente tenía un problema serio. Se venían a mí los consejos de los médicos: Aradix, Ritalín y tantos otros medicamentos, pero ¡NO! Estudié psicología infantil para comprender mejor el mundo de los niños, pero me di cuenta que aún faltaba algo más

Con calma, analicé todo desde el inicio: con las flores existió un cambio que sólo me habían prometido con medicamentos. Además, ya entendía de mejor manera la forma de abordar emocionalmente a un niño. Luego, me di cuenta de que todas investigaciones mencionaban la alimentación y fue en ese instante cuando pensé: ¡esto es lo que me falta! Así que decidí estudiar anatomía, fisiología y nutrición biológica. Una vez que apliqué todo lo que aprendí en mi hijo, comenzaron a aparecer los cambios definitivos. Comprendí cada vez mejor qué alimentos debía  incorporar a su dieta y qué es lo que debía quitar. Y no sólo en él: entendí cómo podemos destruir nuestro cuerpo con los alimentos, al consumir lo que tenemos más al alcance, lo más fácil de conseguir y, muchas veces, lo más publicitado. Aprendí que de forma natural se pueden generar cambios importantes y que no todas las enfermedades y trastornos necesitan de medicamentos fuertes: estos ayudan de una manera y destruyen por otra. Como apoyo para la terapia floral y la nutrición, también decidí estudiar homeopatía y los resultados no me dejan de sorprender. Por eso, he reunido todo lo aprendido y lo transformé en mi medio laboral. De esta forma, puedo entregar a quien lo necesite estos conocimientos que se convirtieron, por accidente, en un método para restaurar la salud.

Hoy dedico mi vida a la atención de consultantes que quieren dejar de pertenecer al porcentaje de personas enfermas. Las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) informan que el 95% de la población mundial está enfermo e, incluso, hay personas que tienen hasta 5 enfermedades. Estas cifras son abismantes, pero son actualmente mi motor: quiero que sepas que la salud depende de las decisiones que cada uno realice a diario.

Por ejemplo, puedo contarte que hoy el “niño problema” es un deportista de alto rendimiento. Juega fútbol desde los siete años como cadete e incluso a representó a Chile a los doce en varios campeonatos en Estados Unidos. ¿Qué pasó con el posible asma? ¡Nada! ¿Y con la hiperactividad, el déficit atencional, la agresividad, el oposicionismo…? Nada de eso queda y lo que eventualmente aparece es totalmente manejable. Focalizamos su energía en el deporte. Gracias a Dios, fui terca y no lo mediqué: no lo dejamos con su mirada ida y sin la posibilidad de perseguir su sueños, pateando una pelota y no un ventanal.

¿Qué te quiero decir con todo esto?

Que en el momento en que tienes la información, codificas de manera adecuada los mensajes que tu cuerpo te envía y dejas atrás el miedo a hacer algo diferente, dejas de ser “el paciente” y te conviertes en el protagonista de tu vida. Es en ese instante cuando estás a un paso de tener SALUD. Y yo quiero ayudarte a tomar este camino…

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